lunes, 17 de diciembre de 2012
Alma de Amarilis, Versos y otros Daguerrotipos: No existo
Alma de Amarilis, Versos y otros Daguerrotipos: No existo: Por un momento creemos que somos parte de algo, que nuestros actos, nuestras coexistencias serán recordadas, que alguien guarda mem...
Es un poema para aquellos que se cuestionan su existencia...
sábado, 17 de noviembre de 2012
25. Cartas de coloquiales
¿Es posible que, a estas alturas, no creas en mí?
¿O te sientas débil ante la distancia y ante el tiempo?...
Tú no eres ni circunstancia ni accidente
-te lo he dicho-, tú eres intimidad, esencia.
8 de octubre de 1948
Cartas coladas de un personaje de poesía.
Sabines le escribe a Chepita.
¿Qué no te escribe la pluma que lo que en la vena remanece sea una sangre pesada de azúcar? ¿Es que no te has dado cuenta? Me pesan los ojos, las manos, el cuerpo entero y la noche es tan ligera a tu lado, te guardo como el persimonio para consumirte en invierno y predicas descuidos y agravios míos, tú, fruto de un largo tiempo de complicidades. No, hojarasca revuelta de cabellos, no, ventana alumbrada del buen día. Todo menos eso.
Comprendo que un par de kilómetros separen eternidades a las personas, pero las demás personas no son eternidades, y tú y yo nos volvimos eternidades separadas con el tiempo, es difícil que alguien no diga que exististe tú y difícil que digan que no existí yo, sí existimos ambos y podemos permanecer como pergaminos de un tal " Así pasa..." de una florecilla Amariliana.
Lo triste es creer que algo así cansé, embrutezca o arranque de las huellas dactilares un tiempo construido de confianza, de una amistad insólita y de un reflejo de lo que sólo yo llamo amor.
Tal vez somos leyenda... es decir.... las leyendas no son vecinas, no se conocieron en el colegio, tampoco fueron a comprar un helado y cayeron inmediatamente atolondrados con golondrinas sobrevolando los hombros; no es una historia simple, de hecho es compleja. Los personajes como relicarios tienen pasado y permanecen cubiertos por el polvo y otros dueños los cuelgan cerca de su corazón, hasta que finalmente se encuentran los dos solos encerrados en un baúl, oxidados, rasguñados y entonces comprenden que están en el sitio correcto y podrán pasear juntos entre baratijas y de esas curiosidades que se dan en tiendas novedosas, así hasta que el tiempo venza y sean vendidos a otra eternidad siguiendo igual de oxidados, porque nos hemos renovado tantas veces que ya no queda nada que renovar. No somos como los amorosos de Sabines, yo no lloraré porque no salvemos el amor, porque yo sé que el amor nos salvará a nosotros.
No comprendo como juega el tiempo ni que dados tiran las circunstancias, sólo sé que a veces tengo suerte y me sale una H en el Dado y Otras veces el número es una fecha próxima.
Sin alargar más esto, sólo quisiera que supieras que cosas como esta no son parte del "soap opera", estas cosas son serias, de las que menguan la esperanza de vida a la mitad; porque eres la persona que complementa mi falta de existencia, porque soy yo quien quiere creer que dos locos como nosotros, suicidas, maníacos, fracasados de letras, que somos nosotros sobreviviendo a los dramas diarios que creen vivir los demás, que somos nosotros sobreviviendo a los demás, que somos nosotros... nosotros and nevermore.
miércoles, 24 de octubre de 2012
24. El mundo de lo etéreo
El punto de lo etéreo/
de lo que quisiera en/
un mundo paralelo sin entrada/
con una persona nunca/
antes imaginada.
domingo, 7 de octubre de 2012
23. Un imposible que puedo
Escapémonos - Le dije sin mas detenimiento que el de las sílabas compuestas de esa palabra.
¿A dónde quieres desaparecer?, ¿Tienes sueño verdad?- dijo sin preocuparse por la idea de escapar para restablecer la mente y recrearnos lejos de los tiempos conflictivos. Al poco rato nos "desconectamos" porque ya le veía dormir en su cama mientras el foco rojo de su webcam seguía encendido y porque yo seguía como siempre con el dolor de espalda y el trabajo sin fin; después de eso me puse a reflexionar lo siguiente:
Lo amé en cierta manera lo amé, no como el amor cárnico que se vende en los Inbox privados de una jaula azul, no como el amor vencido de los mensajes por celular, ni siquiera como el que se escribe en las calculadoras casio 73-AM+0. Era un amor diferente que sólo dependía de dos cosas, la presencia constante y perdurable (paradoja que no es permisible en este mundo por las limitaciones físicas del cuerpo) y la confianza que se imbricó entre nosotros. Esas dos cosillas hicieron de nuestro tiempo algo más que las horas, que las pequeñas manchas de aerosol morado que se recargaba como agua bajo las bolsas de nuestros ojos, algo un poco más grande que el apoyo, el hecho de que no fuera prejuicioso.
Lo amé mucho eso sí, pero no de manera invasiva; traté de que el cáncer de mis cariños no invadiera su vida en ninguna forma o manera que le perjudicara a él sus caminos. Hasta ahora me ha tocado jugar el papel de espectadora, de conciliar sueño, de apoyar, de brindar más allá de lo que sé que tengo... y hasta ahí, sólo eso he podido hacer y con ello lograr todo menos lo que sé que nunca podré obtener.
Cuando lo conocí ciertamente estaba atrapada entre plumas de cuervos con grandes ojos negros, entre alas rojas de ángeles con espadas de dolor lancinante y entre la incertidumbre de alguien que no quiso existir en mi mundo. Todo surgió al primer contacto como membrana permanente del tacto de sus dedos con los míos al saludarme, con la brisa un poco húmeda de su rostro tocando el mío, el saludo habitual, el saludo que con el sentido más primordial e intuitivo me permitió insistir en estas palabras... "Yo a él, te lo juro, lo volveré a ver de nuevo, de alguna manera siento que en algunos meses más adelante, mientras él se haya enredado en sus nudos y mientras yo sigo cortando hilos con mi existencia, acabaremos por enredarnos en la forma perfecta"... Esa noche, la tela gris se extendió sobre los laterales de mi cabeza, en nada pensaba, no estaba dentro de mí en aquel momento y, sobre mis manos y mis pies el frío de la tristeza habitual que antes me causaba la ausencia del cuervo negro me estaba consumiendo; sin embargo desapareció cuando lo sentí jalarme por el brazo, sin preguntar, para bailar, sentirle tan animado conmigo fue el "Ven vamos, ven arréglame el alma, ven vamos, ven arréglame el corazón" de esa noche.
Al poco tiempo de eso, me fui, no me despedí de él y no tenía de él sino el recuerdo de una noche calurosa.
Meses después... como supuse, un mensaje apareció, y la charla comenzó. En aquel momento probablemente no hacia nada, porque de haber estado muy ocupada no habría extendido tanto la conversación; no sé ni cómo comenzó la conversación solo sé que entre todo lo que hablábamos había ese sentimiento de continuidad; el hablaba sobre cerebro reptil, sobre música, yo hablaba sobre cosas que ya no recuerdo, probablemente escribir o curar.
Pronto se fue, yo también, pero esa espina por hablar se nos enterró y con los días siguientes hablar se nos hizo un vicio saludable, no por las condiciones sino por la idea de hablar, de poder hablar o decir cosas que otros no tienen la habilidad de escuchar o la habilidad de aceptar en sus oídos. Un tiempo supe que se perdió por Europa, por el mediterráneo, un tiempo yo me perdí en el subterráneo de los abismos que cavé yo sola. Pero ese sentimiento filial nunca se fue, supe que tenía un amor, no importó, el cariño estaba sembrado, la confianza también, y lo dejé así como el amor que fue, sin ser mío, sin exigírselo tampoco. Así lo quiero, así solamente lo puedo.
22. Lo que un día se lleva
La vida, como decía, no me dio tus ojos, ¿por qué?, tal vez ni me pertenecían, tal vez otra escultura fémina de la bahía griega con ese perfil tan misterioso y poco revelador te atrapó y fue entonces cuando tu mirada aunque dirigida a mí, seguramente bajo otras redes, se redirigía a alguna lejana en esa gran bahía. Tus ojos, todavía me recuerdan algunos de los colores de los pocos lugares que visitamos juntos, a veces era una arenilla en un viejo lago abandonado de la comunidad pesquera, otras como los residuos de petróleo de uno de esos grandes ductos perforados que se incendiaban a cada rato por las noticias, a veces sólo eran como el fuego de esos ductos. El punto es que la vida se los llevó.
Otra cosa que me quitaron de ti... fue tu boca, ¿qué tiene de especial tu boca?, nada, claro que nada si quiero convencerme, pero... realmente lo tiene todo, ¿dónde más encontraré una vieja canción gregoriana de Nothing else matters de Metallica? ¡oh no!, mejor aún, una mujer filiana de Alejandro, un café de Starbucks, un delirio parkinsoniano, un poco de Leonard Cohen... sobre todo en jueves que te pones algo melancólico y entonces, puff, mágicamente Cohen aparece en tus labios y toda la tarde me sabe a wiskey frío y a colores grisáceos. Todo un poeta, sin ser poeta. Todo un vago que no tiene a donde ir, pero a donde debe, no va.
Pronto será un día en el que por cualquier obra que el destino pintase, de esas ocasiones que te juega una mala broma, un día yo entré hacia cualquier tienda de autoservicio en un punto del país en que decidí viajar por cuenta sola, y al entrar te vea cobrando algo en una fila de esas ridículas que se suceden a las doce de la noche, cuando todo el mundo que no duerme, se encuentra inquieto y sin nada más que hacer; entonces seguramente tendré el cabello tan largo como lo quise y tu entonces tendrás un porte tan formal que sentiré pena de mis humildes ropas, y entonces me veas y me digas que espere mientras cobras... pero la cuestión es que... ya esperé demasiado...
lunes, 30 de julio de 2012
21. No verte siempre
En este momento necesito algo que te borre,
que Dios se arrepienta y que no se acongoje
el día que dejes estar sobre la tierra.
Ojalá que una nube precipite y te robe,
espero que la luna salga sin decir tu nombre
y ese día se te acabe la mirada más tierna.
Quisiera que algo te desaparezca a prisa,
que la tierra te coma entre rocas y piedras
y que en el espejo aparezca una sonrisa.
Ojalá se te acabe la mirada que ciega,
la sonrisa que me tiene rota,
la idea que eres tú y que me atormenta.
En este momento Dios debió pensarte,
reflexionar si fue necesario crearte
o convirtió su error en mis paredes.
domingo, 15 de julio de 2012
20. Oído en la lluvia
Es difícil saber cuando empezaran las horas
más oscuras de una vida, no atañen a ninguna razón son solo pequeños encuentros
que se vuelven momentos eternos; yo misma estuve recordando varios que para muchos
carecerían de belleza pero por su simpleza hace solo que sean más enigmáticos.
Ahora mismo no sabría decir si es el tiempo libre que me permite pensar todo
aquello reflexionado durante tantas noches o es algún escape nervioso que me
permite reconstruir incluso hasta las sensaciones más profundas sobre mi piel. Podría maldecir en tono justo y amargo todas aquellas penas que viví calladamente por cada uno de esos terribles sucesos que acompañaron mi vida, pero no, de hecho. Hoy me coloqué sobre el calentón en pleno frío de sábado, y empecé a sentir algo diferente, y entonces una imagen me sumergió. Me dirigí sobre mi cama, oyendo a las gotas con su delgado toque helado golpear mi techo protector, mis manos se habían entrecruzado por encima de mi cabeza justo en el prodigioso instante en que tu recuerdo, tan gentil, tan cálido recuerdo se acomodó en una de aquellas lagunas mentales que habían socavado mi mente por mucho tiempo. Tú beso, un cálido beso que incluso silencioso y suave tuvo un impacto potencialmente letal, y un sonido potencialmente mayor que el de cualquier estallido. Claro que el estallido fue dentro de mi corazón y esa letalidad se me quedó como una cicatriz de guerra, una cicatriz de cuanto te amaba aún.
Como si fuera poco pensarte no es suficiente, en el instante que te he imaginado junto a mi, acostado, haciéndome calor y compañía, ha llegado un mensaje tuyo... "Dulce, estoy aquí en el terraplén de la córdoba, subela, lleva botas, nos vemos allá." La lluvia no había cesado aún, los truenos a lo lejos suplantaban la calma de una ciudad muy agitada, toda la ciudad misma es un manto solamente dibujado por la lluvia estrepitándose con esa calma y a la vez con esa inercia que la hacen tan natural. Me levanté de la frescura de mi sábana y tomé el suéter mas próximo, bajé los escalones y atravesé la puerta de madera; caminé cerca de cuatro cuadras bajo la lluvia; ya mi pelo se mojaba y mis lentes se empañaban en cuanto soltaba el vapor de mis espiraciones al caminar. Al llegar, esperé bajo el techo de lamina azul de una casa de escombro y madera que tú y yo habíamos construido algún tiempo atrás, seguía intacto y también seguía vacía. Adentro solo estaba el olor a tierra húmeda, y afuera el silencio parecía jugar un papel más avasallador; entonces vi la hora, no podría quedarme por mucho tiempo y esperaba que llegarás pronto... pero no fue así. Dejé una nota discreta en un agujero del block de cemento y caminé rumbo a un puesto cerca de la esquina donde nos vimos primeramente. La lluvia no cesaba y para ese entonces sucedían un sinfín de cosas, está lluvia iba a mermarlas todas y más que nada iba acabar con mis planes, trataba de atribuir tu retraso al clima que imperaba en ese momento pero me sentía desesperar.
Estando casi por llegar, tratando de esquivar autos con conductores aprovechados y charcos, caminando entre el mosaico de suelo que cada generación colocaba a la calle, y esquivando el vaporcillo putrefacto de las coladeras, llegué al puesto; "Cerrado", no había remedió más que regresar a mi casa mientras la lluvia arreciaba.
Llevaba los audífonos puestos, canturreaba quien sabe que melodía, y entonces te vi, al otro lado de la calle con tu garbo, tu postura derecha, una de las manos en el bolsillo y la otra en un cigarro a medio prender. Un anuncio Neón rojo cubría de oscuridad tu rostro pero tu postura era inconfundible, volteabas a ambos lados, mientras yo me detenía a verte caminar directo a mí. Era la imagen que siempre había soñado, ambos bajo la lluvia; luego tomaste tu gran saco gris y desgastado y lo pusiste como "paraguas para dos", yo me sentía feliz de abrazarte mientras afuera la sinfonía de la lluvia ofrecía a un público escaso y ausente el mejor de sus conciertos. Una vez de nuevo en el terraplén de la córdoba miraste el interior de nuestra novela de ficción a la que le pusimos el nombre de "casa", un trueno había percutido con tal poder que por un momento me había asustado y te habías reído al ver mi sobrerreacción a algo que no podría dañarme nunca.
Me miraste un poco, quitaste con tus dedos secos algunas cuantas gotas que escurrían de mi cabello, tomaste mi mano para introducirnos en la casa, y colocando una rodilla a la altura del lodo del interior, extendiste tu brazo y el mío.
"- Sé que querías una iglesia, un sacerdote, un séquito de damas de honor y a tu familia, sé que hubieses querido un restaurante, un viaje pero; quiero cumplirte poco a poco tus sueños, como ahora que arrecia la lluvia y sé que te mueres por un beso, o como a partir de siempre, que te juraré amor eterno sin necesidad de contratos con las leyes o las leyes de Dios, siendo solo mi fidelidad hacia ti porque a nadie más le corresponde este cariño que no es divino, que no es humano, simplemente maravilloso. Pienso cumplir tus fantasías de tener un hogar echo por nosotros, en un sitio que te permita sentirte libre como aquí donde escogiste besarme por primera vez y hacerme libre de una cárcel de soledad. Te agradezco dulce mía, vida mía, y a cambio de todo lo estipulado, prefiero darte sueños hechos realidad"
Mi reacción fue eufórica, simplemente tenerlo ahí frente a mí, cumpliendo con la vida que solo en mis vagos sueños ideé, llenando los espacios donde mi imaginación jugaba aventuras, y tener la certeza de poder realizarlas. Tomé su mano, levantándolo del fango, lo miré fijamente y el beso fue el principio de todos mis sueños aunque todo empezara por haber tenido un buen oído para escuchar esa naturaleza abierta y esporádica de la lluvia, así como siempre soñé mi vida, así como solo me permitía verla perfecta. Junto al ser más natural y perfecto.
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